Lucía Medina pide ayuda en la iglesia de Santiago Apóstol.
¿Qué se siente ser invisible? Para Lucía Medina, madre de un niño con leucemia, la sensación es asfixiante: acurrucada en la entrada del templo de Santiago Apóstol, en el Centro Histórico de Cuautla, Lucía ve pasar a cientos de fieles católicos, a quienes pide ayuda para el tratamiento de su hijo. Cubierta por el velo de la invisibilidad, la mayoría de ellos pasa sin prestarle atención.
“Solicito donadores ORH+ para niño de 3 años”, escribió en una cartulina, ya arrugada. Aferrándoselo al vientre, Lucía sostiene aquel trozo de papel sobre la parte del cuerpo en la que aún siente la presencia de Juan Carlos, su hijo de tres años que permanece internado en el Hospital General Mauro Belaunzarán Tapia, donde se recupera después de haber recibido una transfusión de sangre. “Mi niño tiene leucemia y ahorita no tengo recursos para pagar donadores de sangre”, explica Lucía.
Al ponerse de pie y relatar lo que ha vivido desde el nacimiento de Juan Carlos, la feligresía finalmente empieza a prestarle atención, y quienes antes pasaron a su lado como si no existiera, ahora se acercan a preguntar qué es lo que necesita. Pero no se dirigen a ella, sino al reportero que la ha entrevistado.
Ella, mientras tanto, sigue abrazando su cartulina al vientre.
¿Qué necesita?
Cada cierto tiempo, Lucía Medina, originaria del municipio de Axochiapan, tiene que llevar a su hijo al hospital para que le hagan transfusiones de sangre, teniendo que pagar mil 500 pesos por cada donador.
“Va a pasar tiempo para que le vuelvan a poner sangre, pero lo van a hacer, porque se va vaciando”, explica. Tratándose de una mujer de escasos recursos, madre soltera con otros dos hijos pequeños, la situación se agrava cada vez más. De pronto, su vida es tan difícil de contar que sólo puede hacerlo llorando.
“Ha sido difícil, porque mi marido se fue con otra mujer y yo estoy sola. A mi hijo me lo van a mandar a Puebla, y ya veré cómo lo saco adelante”, afirma.

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